“LA MUJER COMO MEDIO” ARTÍCULO PARA WWW.THEOBJECTIVE.COM DEL 15/11/2014

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Stringer/Reuters

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Y siempre en medio. Entre la denuncia pública y la cultura sectaria que las representa. Atrapadas en el desdichado cuerpo femenino que nunca se beneficia de un gobierno masculino (por no decir machista). Pero es que a ellas les representa la incultura, el analfabetismo y la opresión. Y no la otra cosa. Porque ya se ha visto antes en otros lugares y se seguirá viendo mientras el defensor del pueblo sea quién promueva estos actos ‘culturales’.

La excusa amansa tanto a moralistas internacionales como a las que pudieran ser las madres de las (últimas) 12 fallecidas. O al menos, antes de que fallecieran. Sobretodo en ‘aquellos países’, tan lejanos a nuestra ética cultura contemporánea. Porque se sigue escuchando. Frases como “esto es normal en su país” o “están acostumbradas”.

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Maria Turculeta

PERSONAS

Maria Turculeta estaba pasando la hora entre las cuatro y las cinco de la tarde como de costumbre: sentada en su silla pensando en todo lo que le quedaba por hacer durante la jornada. Pero ese día ya había terminado todas las tareas. Su marido estaba de viaje de negocios y no volvería hasta el día siguiente por la noche. En cuanto Maria Turculeta aceptó que su día había sido completado a una hora tan temprana, por un momento sintió que moría de un ataque de incertidumbre. Y también sintió como toda la basura espacial le atacaba salvajemente en forma de pensamientos propios.

 Si no pienso qué importa. Y si pienso, ¿a quién le importa?

 Se dio cuenta de que conseguir vivir un sueño no tiene porqué incluir la felicidad. Una casa bonita y un marido detallista. Y no pedía más. Fue tan fácil…

 Que tenga nubes de miel en la cabeza no significa que conozca el sabor de la dulzura.

 Maria Turculeta se quedó en blanco durante largo rato. ¡Qué difícil es pensar! ¡Como te envidio, plantita sin nombre!- exclamó.

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Mujer infeliz. O cómo nos aferramos a las creencias cotidianas. 

¿A esto es a lo que se refieren con lo de media naranja? ¿La parte que nos falta? ¿O no es quizás la parte que no nos hace falta? Al juntar las naranjas sólo hemos conseguido una vida desdichada y odiosa. Penosa en realidad, porque estamos tan aferrados al significado de lo que somos que no podríamos tener el valor de desechar lo que sobra. Años y años exprimiendo hasta la última gota de jugo vital. Convirtiéndonos en dos cáscaras vacías que discuten continuamente por situarse en polos opuestos.

Escuchar cada día las mismas ideas que nunca he soportado, los chistes malos y sobretodo, los piropos con buena intención pero de efecto denigrante sobre mi consciencia. Y lo peor, lo peor de todo, es que sólo pienso esto de vez en cuando. Tras desahogarme le llevaré el café al sofá y me sentaré a su lado con una sonrisa no demasiado falsa y entonces apoyaré mi cabeza sobre su pecho, esperando a que mi cáscara se pudra por sí sola.

Una mujer infeliz.

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