Conocer

PERSONAS

Conocer a personas es una de las tareas que más costosamente desarrollo a lo largo de mis jornadas.

El contacto visual es lo primero y lo último en la mayoría de los casos. Hay miradas redondas, con túneles oscuros que se entrecruzan tras los ojos, y que, la mayoría de las veces, contienen puertas protectoras. Las he visto de madera vieja y usada, llenas de astillas y con un agujero como cerrojo; barnizadas ribeteadas en oro; herméticas y frívolas entradas a búnkeres que esconden coloridas novedades; simples verjas preventivas de materiales oxidados y hasta persianas que molestan a los oídos de la presente externa oyente, (cuando se abren de repente), sin ser avisada o ni tan solo interesada.

Las miradas planas tienen un efecto de rebote sobre mi persona. Están formadas por una capa tan gruesa y homogénea que no incitan a la búsqueda de lo que no se puede encontrar. Son miradas sin forma, que tanto pueden ser temporales como vitalicias. Este es un punto que me lleva usualmente a la confusión. Las miradas planas temporales son las más interesantes porque en cualquier momento puedes ser partícipe de la metamorfosis tan esperada. A veces, transcurren horas hasta que los pétalos se abren del todo. En otras, el portador siente algo más parecido a un ataque visionario de una obviedad omnipresente y el oyente puede captar al detalle como crece una forma concreta en sus pupilas.

Las miradas cuadradas no me parecen realmente interesantes, pero resultan efectivas en circunstancias de lógica o muerte. Son fáciles de reconocer cuando el portador observa algo en concreto. Una especie de transparencia en forma de prismático cubre sus pupilas y le obliga a observarlo todo desde el mismo ángulo.

Es una lástima que la mayoría de las personas que vemos en este mundo sean simples instantáneas que se cruzan en el camino, y que la otra mayoría ni si quiera lo llegará a ser nunca.

Miradas cuadradas, redondas, planas, al mismo tiempo, se combinan para imaginar tus ojos.

Ojos