No amaremos – We won’t love

REALIDAD APLICADA

Hagámoslo así. No daremos pie a que nuestros sueños se mezclen con la realidad. Es más, ignoraremos que soñamos. Paralizaremos el deseo de nuestros labios hasta que el aire se rompa. Controlaremos los impulsos, desaprenderemos a mirarnos y forzaremos una postura para mantenernos siempre fieles a nuestra mentira. Así no habrá dolor.

Let’s do it in that way. We won’t allow to mix our dreams with the reality. Moreover, we will ignore we dream. We will petrify the desire of our lips until break the air. We will keep in control our impulses, we will unlearn how to look each other and we will force a position to keep us ever faithful to our lie. So there will no pain. 

 

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Feliz año de intensidades

Barcelona

Que conste que me he despertado antes de las tres de la tarde porque he notado la presencia de rayos láser apuntándome desquiciadamente desde la otra punta del año. Si, algo así, de verdad. Yo lo llamo rayos láser y otro lo llamará necesidad del último momento de reflexión, pero es igual de jodido que cuando alguien te apunta con uno de esos cacharros.

La cuestión es que todo lo que ahora pudiera decir sonaría igual de vacío que lo de “Esta noche todo se vale”. Podemos cambiar lo que hemos sido todo el año por una fe ciega en deseos blandos, anillos nadando en copas de cava y bragas rojas que arden. Y hacemos este tipo de cosas extrañas porque al final eso es lo que somos, montañas de experiencias y deseos mezclados maléficamente, como quien hace una tarta de chocolate y ketchup.

Si por algo quiero que acabe el 2013 es porque no soy capaz de aceptar que he sentido la misma intensidad en estos últimos 365 días que en los cuatro años anteriores. Y porque miro hacia el 2014 y me entran tics en los brazos, camino a lo moonwalk y emito sonidos extraños que me recuerdan a un armadillo.

¡Sí, esto significa que estoy eufórica gracias a todos vosotros!

¡¡BOMBAS DE FELICIDAD PARA TODOS!!

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Maria Turculeta

PERSONAS

Maria Turculeta estaba pasando la hora entre las cuatro y las cinco de la tarde como de costumbre: sentada en su silla pensando en todo lo que le quedaba por hacer durante la jornada. Pero ese día ya había terminado todas las tareas. Su marido estaba de viaje de negocios y no volvería hasta el día siguiente por la noche. En cuanto Maria Turculeta aceptó que su día había sido completado a una hora tan temprana, por un momento sintió que moría de un ataque de incertidumbre. Y también sintió como toda la basura espacial le atacaba salvajemente en forma de pensamientos propios.

 Si no pienso qué importa. Y si pienso, ¿a quién le importa?

 Se dio cuenta de que conseguir vivir un sueño no tiene porqué incluir la felicidad. Una casa bonita y un marido detallista. Y no pedía más. Fue tan fácil…

 Que tenga nubes de miel en la cabeza no significa que conozca el sabor de la dulzura.

 Maria Turculeta se quedó en blanco durante largo rato. ¡Qué difícil es pensar! ¡Como te envidio, plantita sin nombre!- exclamó.

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Confesiones

Barcelona

Una vez mi madre me regaló una libreta. Era demasiado bonita y había sido elaborada con una elegancia de la que yo carecía. ¿Pero cómo podía maltratarla con mis tachones y continuos golpes? No, debía estar a salvo. Nadie podía leerla. Porque lo que me prometí aquél día era que sólo la usaría en momentos de delirio, de necesidad máxima, de explosión de emociones incontroladas.

No se trataba de un diario, sino de un lugar donde poder vomitar salvajemente e inmediatamente sentirme y sentarme tranquilamente a su lado, sin preocuparme por los desperdicios o el olor residual. Pero eso me producía temor. “No leeré nada hasta que llegue al final”.- me dije. Y yo a veces me sentía partícipe de un asesinato con un muerto oculto en mi habitación.

Pero todavía puedo ser más exagerada.

Finalmente, un día como hoy, me doy cuenta de que ya ha pasado un año y de que en esa libreta sólo he tenido la valentía de escribir ocho tristes páginas. Pero ocho páginas de las cuales no sabía nada.

Las auto-promesas aleatorias siempre pueden cambiar de rumbo.

Por un momento he deseado una herramienta de conversión entre el temor y la tentación. ¿Cuantos temores forman una tentación? ¿Cuantas tentaciones equivalen a un temor? ¿En una regla de tres, cuantos temores hacen falta para evitar una tentación? ¿En qué momento del día se cruzará el tren de la tentación con el tren del temor?

Por eso no me gustan las matemáticas.

Y me dispuse a leer…

Frases cortas para mentes atascadas

Barcelona

Una semana. Siete días. O seis. Y no voy a motivar lo decepcionante que es pensar en horas o minutos. Los segundos. Los odio. Sólo son de utilidad cuando se suman entre ellos y esto a la vez me hace entender que nunca se cierra el grifo. ¿Cuantas gotas de agua caben en un segundo? No quiero ni pensarlo. ¿Cuantas gotas de agua ven la luz durante sólo un segundo? Salen del grifo y caen al pozo. Para siempre, quizás. Y ya está. Quizás nunca más volverán a tener la oportunidad de rozar una mano sucia o mezclarse con pasta dentífrica de tres colores.

Una semana con el grifo abierto. Y siguen cayendo gotas al pozo.

La otra cara de la moneda. La tranquilidad gana al estrés. Y a las responsabilidades.

Mi cama. Me mima. Y más que nada. Sopa caliente y fresas con yogur griego.

Mirar al cielo durante largo tiempo. Escalofríos. Y las malditas miodesopsias.

El arte o la maldición de perderse en el tiempo

Dublin

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Hace media hora me he obligado a no volver a cerrar los ojos. Mis mañanas siempre empiezan con la misma consecución de imperativos (las mías y las de la mayoría de los mortales):

6:30 – Demasiado pronto, duérmete…tranquila, tienes tiempo.
9:00 – Ya podrías levantarte…bueno, total…¿para qué? Luego tendrás sueño a la noche. Duerme un poco más.
9:30 – ¿Porqué ahora tienes más sueño que antes? Mierda, se que odias levantarte con sueño, no lo harás ahora pero te doy media hora como mucho, puta perezosa.
11:30 – ¡Te advertí! ¡Ahora jódete! No te hagas ilusiones porque la mañana pasará como un suspiro y no vas a hacer nada de provecho.

A veces este hecho me presiona durante todo el día y las horas me atacan y me asfixian bajo una almohada dónde algún día quizás pierda el sentido. Realmente me siento como un trozo de mierda a la que un pneumático ha decidido convertir en otra capa innecesaria sobre el asfalto, adherida y esparcida sobre la nada.

Pero hoy es diferente. El vacío decidió viajar sin billete de vuelta. Tengo la sensación de que no soy consciente del tiempo que pierdo aquí porque hasta que no llegue allí no dejaré de sentir este hondo agujero que me ha dejado el irme. Porque ya me he ido. Me fui hace un par de días o tres, sino creo recordar mal. La nostalgia, siempre tan elegante y gris, tiene esa capacidad camaleónica de aparecer sin ser llamada y estar presente sin ser asimilada.

Me siento en un sofá del comedor y me veo reflejada en todas las caras que estuvieron y ya se fueron. Entre ellas estoy yo, a lo lejos, en un sofá vacío. Los que todavía estan ya se convirtieron en recuerdos y lo sé porque sus cuerpos se van destiñiendo y volviendo traslúcidos a través de mis ojos. Siento lo que sentiré cuando este allí y espero allí sentir que todavía estoy aquí.

A la orilla del Liffey

Dublin

Si son de esas personas coincidirán conmigo en que el hipnotismo del mar es adictivo. Aunque no me enorgullezca de lo que digo, los vicios son esos pequeños detalles que me gusta cuidar. Creo que algo en lo que invierto un tiempo constante merece la pena ser mejorado pero poco después, y a regañadientes, acepto que todos los vicios siguen una rutina y que la rutina es el peor de ellos.

Me siento lo suficientemente cerca del agua como para sentir que alguien me abraza, cierro los ojos y dejo que las olas rompan libremente contra mis tímpanos. Me pregunto varias veces porqué será tan placentero un sonido tan monótono y me corroboro a mí misma que el paraíso huele a sal. Creo que no temo a la muerte desde que alguien escribió que morir era como perdese en la orilla. Pero desde entonces esa idea también me produce melancolía. A veces, cuando sólo estamos el agua y yo, siento que mi cuerpo se ha quedado fijo ante las olas y que quizás mi mente nunca recuerde irlo a buscar. Otra de esas sensaciones dulces y frías que muchos llaman soledad pero que una persona solitaria siempre considerará la mejor compañía: la tranquilidad.

A falta de drogas siempre hay una orilla. A falta de orilla siempre ha estado el Liffey.

El cielo sangra, dos corazones se queman y la luna observa desde la lejanía.

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El quinto día (o eso creo recordar)

Dublin

Después de secarse las lágrimas con su camiseta se dispuso a salir de la habitación. Metió el netbook que tanto odiaba cuando no estaba de vacaciones en la mochila cómoda, junto con su libreta, bolígrafo, tabaco y botella de agua. Después de sonreir falsamente a las interrupciones que se cruzaron en su camino bajó y encontró un sitio tranquilo en la terraza. Eligió la terraza como lugar porque el aire siempre le iba mejor que peor y fumar también, para que nos vamos a engañar. Lo más curioso de la situación es que justo en el momento de colgar la llamada un revoltijo en su estómago le azotó con una verdad eludida hasta el momento. Esa clase de verdad inesperada que se camufla en forma de arcada y que después volvemos a camuflar inconscientemente en forma de enfermedad. Sentía los sentimientos de la gente que pasaba por su lado como propios y los explicaba en primera persona sin ningún tipo de tapujo. En cambio, nunca había sido capaz de explicar de esa forma sus propios sentimientos. Lo peor de todo es que lo estaba haciendo de nuevo.

Dublin (aunque con un poco de retraso)

Dublin

Dublin

Que haya creado un apartado llamado Blog dentro de mi blog no es por aburrimiento o desconocimiento sino que más bien viene motivado por una necesidad de segmentación, que me quiero aplicar a mi misma, para diferenciar la realidad, de la realidad aplicada y la ficción o los sueños.

Llegados a este punto, no hace mucho que aterricé en la realidad, pisando con mis propios pies una tierra húmeda, verde e impredecible. Una tierra rodeada de agua y usualmente atacada por la misma se presenta ante el mundo como la tierra de las oportunidades para unos y la tierra sin salida para otros. El alcohol suele ser el hilo conductor de ambos grupos, y el dinero su motivación.

Todavía estoy en ese punto inicial observador, de voayer, de lluvia de ideas (y nunca mejor dicho). Así que si tuviera que deciros algo sobre Dublín lo encontraríais en éste párrafo: calles que cantan y bailan; vasos de cartón que sacuden monedas; colores verde y ocre; poesía a gritos; chanclas y chubasquero; puentes; sol y parque; vida y bebida; el sonido de abducción de los semáforos; pelirrojos; bigotes masculinos y femeninos; comprar pegatinas para poder tirar la basura; contrabando de tabaco; ciervos y setas; perdón para todo; carnaca; multilingüe; rencor; luas; abuelos que molan; días largos y noches que no son tan noches; historia que quiere ser contada y que algún día espero poder contar a mi manera.

Otra vez

REALIDAD APLICADA

Y entonces hizo con su lengua lo que años atrás consiguió hacer un dentista con la ayuda de un gran alicate y varias venas hinchadas. El mismo dolor, el mismo movimiento en tres puntos. Uno o dos segundos y veinte más de intenso dolor. La muela se deslizó sobre la lengua y las papilas detectaron el sabor a sangre que tanto añoraban. Se mordió el labio para volver a sentir esa sensación, deslizó la lengua entre sus muelas y voilà, otra vez lo consiguió.