No amaremos – We won’t love

REALIDAD APLICADA

Hagámoslo así. No daremos pie a que nuestros sueños se mezclen con la realidad. Es más, ignoraremos que soñamos. Paralizaremos el deseo de nuestros labios hasta que el aire se rompa. Controlaremos los impulsos, desaprenderemos a mirarnos y forzaremos una postura para mantenernos siempre fieles a nuestra mentira. Así no habrá dolor.

Let’s do it in that way. We won’t allow to mix our dreams with the reality. Moreover, we will ignore we dream. We will petrify the desire of our lips until break the air. We will keep in control our impulses, we will unlearn how to look each other and we will force a position to keep us ever faithful to our lie. So there will no pain. 

 

Otra vez

REALIDAD APLICADA

Y entonces hizo con su lengua lo que años atrás consiguió hacer un dentista con la ayuda de un gran alicate y varias venas hinchadas. El mismo dolor, el mismo movimiento en tres puntos. Uno o dos segundos y veinte más de intenso dolor. La muela se deslizó sobre la lengua y las papilas detectaron el sabor a sangre que tanto añoraban. Se mordió el labio para volver a sentir esa sensación, deslizó la lengua entre sus muelas y voilà, otra vez lo consiguió.

Piratas del siglo XXI

REALIDAD APLICADA

Mathias, Marco, Tuff, Tatú, Pierre y Nicolai se pueden considerar amigos, compañeros y familia después de todo. Se fueron conociendo durante los años del último lustro a medida que iban llegando a la casa. Sólo uno de ellos, Tatú,  recuerda como conoció a los demás. Y no se debe a la memoria que poco a poco fueron desadquiriendo por sus hábitos de vida, sino porque Tatú fue el último de los seis en cruzar las puertas de la Casserne. Todos recuerdan su primer día en la casa pero nadie es capaz de recordar el primer día de los demás. Este tipo de detalles se percibe rápidamente. Todos ellos lo hicieron y por eso aceptaron seguir viviendo allí. Otras personas huyeron por diversos aspectos: incomodidad por su forma de vida, inadaptación por causas contrarias a su forma de vida o simplemente depresión traumática.

El 20 de Julio de aquél año los seis supervivientes se quedaron sin casa. Aquello que habían cultivado durante el último lustro se perdería en el olvido. De todas las personas que han vivido en esa casa, ni incluso las más lúcidas se atreverían a apostar un número aproximado de las paredes que la conformaban. Ni si quiera nadie había conseguido recorrer cada rincón del que en un periodo determinado de su vida había considerado hogar. Aquél peculiar lugar ahora sigue igual que cuando lo visité, pero sin la gente nada tiene sentido. Intento volver a entrar y solo veo el recuerdo latente de los resquicios de ketamina en las habitaciones, la basura acumulada en los rincones, los restos de comida creando nuevos ecosistemas, las botellas de cristal y el caos que en el algún momento concreto fue creado por consenso. Todo aquello estuvo y sigue estando allí pero los seis supervivientes estarán, en pocas horas, a bordo de un barco velero que les conducirá a través del Mediterráneo. Ese era su sueño, el sueño que les abrió los ojos en el mismo momento en que Tatú les visitó con la borrachera más grande de su vida y les prometió uno de sus barcos por haberle acogido como a un hermano. En ese momento se sintieron mal por no haber sido muy afables con él, aunque al fin y al cabo eso no importaba si él no se acordaba.

En total viajarían seis hombres, un perro y un gato. Ocho cuerpos que nunca antes habían navegado sobre las olas. El equipaje lo decidieron entre todos en la fiesta de despedida, que por supuesto se celebró en la casa. Se llevarían comida en conserva, legumbres y pasta, aceite, cervezas, vino, whisky, ron, ketamina y cocaína. A parte cada uno llevaría su mochila con lo que creyera conveniente. Mathias preparó su equipaje la mañana antes de salir. Sólo tuvo que hacer una bola con la ropa que llevaba más de un año amontonada en una esquina de su habitación. También cogió las gafas de sol y los instrumentos para hacer ganchillo. Pero por supuesto no podía acudir en un día tan importante sin su vestido de lunares rojos. Consideraba ese vestido lo más cómodo del mundo y si alguien le preguntaba que porqué lo llevaba le obligaba a ponerse uno al día siguiente. Lo más curioso es que una vez que un hombre se calza un vestido, no quiere volver a usar pantalones. Y sino que le pregunten a Marco, que esa mañana, como día especial que era, también se mudó con su mejor vestido (en este caso de flores). Tuf llenó su mochila con la bibliografía de Castaneda y Pierre era tan cínico que no pensaba llevar equipaje para lo que consideraba una muerte segura. Nicolai tampoco necesitaba mucho, su gorra le bastó para estar preparado. Aunque Nicolai es de esas personas que después de ver el equipaje de los demás, siempre quiere lo que los otros llevan.

Tenían un plan. Partirían desde Marseille dirección a las Islas Baleares. Y después, ya verían. Sólo de imaginarse a sí mismos a bordo del barco los heroes de la infancia volvían a florecer en su interior y el cuerpo se les quedaba pequeño para tanto ego. No se habían sentido tan orgullosos de si mismos desde que abrieron las puertas de la Casserne. Desde entonces cada día había sido igual de insípido en ese aspecto. Ahora tenían incluso ganas de llamar a sus familiares y contarles su gran plan. O quizás demostrarse a sí mismos que no son todo aquello que sus respectivos piensan de ellos.

Vacuidad

REALIDAD APLICADA

Ella quiso abstenerse, sólo por unos instantes, del estrés que le deparaban las próximas horas. Comió una galleta de mantequilla, se hidrató con agua del grifo y se dispuso a fumar algo fuerte. Observaba el mobiliario de su habitación con la misma sensación de vacuidad de siempre. Nunca había movido nada de sitio desde que se instaló. En realidad, la mayoría de las cosas ya estuvieron allí antes que ella y probablemente seguirían después. ¿Todas las personas que han estado o estarán aquí han sentido o sentirán esta sensación de vacuidad? Se preguntaba a sí misma simplemente por parecer un poco más profunda en la superficie.

Una vez vio su habitación de forma diferente. Ese día pudo percatarse de la gran variedad de colores que coexistían camuflados entre los muebles de su habitación.“Cuando los materiales de los objetos se reducen a simples colores planos que se derriten, esparcen y mezclan a través de las capas que nos separan y unen a la vez con ellos”. Entonces no estaba exactamente en esta habitación. Su mente estaba en otra habitación creada a partir de la que ya conocía; sólo la esencia de los colores podría ayudarla a orientarse. Pero las posiciones de los objetos (o de la materia en general), las distancias entre tales, los movimientos y el tiempo eran bastante distintos. Incluso se habían creado sonidos para ambientar el sueño y la materia se regía por unas leyes arbitrarias que les otorgaba libertad de movimiento entre las capas de textura que la separaban del horizonte.

Recordó el ejército de triángulos amarillos, los personajes repetidos en patrones constantes y el sabor a goma quemada en la boca. Entonces decidió irse a dormir para evitar volver al vacío.

Alicia en el país de las maravillas

O más bien el síndrome de Alicia en el país de las maravillas, o la micropsia. En cualquier caso, un transtorno de la percepción visual producida por el cerebro y no por el ojo, que se suele asociar a la migraña. Hasta que se presentó un caso diferente:

“Un día vi que mi padre se hacía tan pequeño como un muñeco” 

Los pacientes que sufren este síndrome perciben alteraciones en la forma, tamaño y situación espacial de los objetos, así como distorsión de la imagen corporal y del transcurso del tiempo. También se han asociado otras ilusiones visuales como palinopsia (imágenes múltiples), acromatopsia(no percepción del color) y prosopagnosia (incapacidad de reconocer caras).

O algo parecido a los efectos de una conocida droga llamada LSD.

Lo que yo me pregunto, y muchos ya se han preguntado antes, es si la supuesta distorsión creativa de Lewis Carroll no es más que una realidad aplicada. Probablemente modificada. O algo parecido a tener un sueño lúcido en la realidad. Se les llaman sueños lúcidos a aquellos en que el soñador es consciente de que todo se trata de un sueño, que no es real. Pero el hecho de no hablar del estado subconsciente del sueño, de ocurrir esto mismo en el mismo mundo tangible que todos consideramos real, me hace admirar a estas personas. Personas que tienen una visión más cercana o lejana, pero en todo caso diferente y por lo tanto cuestionable, desde mi punto de vista, en el sentido contrario al que se suele asociar.

Y por si a alguien le interesa el mundo del LSD, este documental es realmente recomendable:

“Dentro del LSD”

REALIDAD APLICADA

Hacer como si nada

Volví a casa feliz con mi nueva compra. Esta vez era una cajita que contenía diez tubos de acuarelas. No incluía colores primarios y tampoco parecían de buena calidad pero me habían costado lo mismo que un sólo tubo me costaría en una tienda de bellas artes. Así que estaba más orgullosa que una señora que ha encontrado su prenda perfecta después de hacer la cola del primer día de rebajas. Entonces seguí un procedimiento mecánico: agacharme, sacar la caja de madera de debajo del escritorio (con cuidado porque tengo muchas cosas encima), abrirla y depositar allí mi nueva adquisición. Cómo quien deja en el fondo de la despensa latas de tomate frito. Pero allí ya estaban las acuarelas. Las mismas. Nuevas, sin estrenar. Ya las tenía. Las había comprado en algún momento de mi vida que no recordaba, por un precio que probablemente se alejara del actual y por alguna circunstancia que desde luego no llegué a cumplir. Me estremecí y después me quedé en blanco. No lograba entenderlo. ¿Debía preocuparme o reírme de mi misma? El bloqueo sólo duró unos segundos. Me tranquilicé. ¿Qué más daría si mi reacción iba a ser la misma aunque mi sentimiento cambiase? Hacer como si nada. Esa era mi solución. Entonces escuché un aleteo y giré la mirada hacia la ventana. En el muro que dividía mi patio con el del 1º 5ª se había vuelto a posar aquél pájaro negro. Pintaré ese pájaro con mis nuevas acuarelas! Quizás hoy sea el último día que venga. Me dije a mi misma. Y abrí la caja. Cogí una taza sucia y la llené con un poco de agua. Después metí un pincel de punta redonda dentro. Mi gata estaba agachada escondida tras la cortina, con la mirada fija en aquél pájaro, planeando como atraparlo de un solo salto. Y entonces volví a escuchar el aleteo y vi al pájaro negro marcharse por la esquina que me dejaba ver mi ventana. No pasaba nada, podía recordarlo. Me acerqué la caja de acuarelas y me dispuse a sacar el tubo negro. No había negro.

REALIDAD APLICADA

Incidente del próximo 29 de Febrero (parte primera)

REALIDAD APLICADA

Yo estaba como cada noche en la misma cama, en mi propia habitación, sin nadie más en 10 metros a la redonda. La puerta estaba entornada, como siempre, y la ventana también, con la persiana y la cortina bajadas hasta abajo para que no pudieran asomarse los primeros y molestos rayos del sol. Yo seguía pensando en aquello…

El calor de las sábanas de franela junto con la manta y la colcha era notable. Estaba tan acurrucada que no querría salir aún satisfaciendo mi sueño por tres días. Entonces empiezan a sonar las teclas del ordenador, que está encima del escritorio, evidentemente. Como si un gato pasara por encima, sin saber que es un teclado y que de esa forma despertará al ordenador hibernado. Hago esta comparación básicamente porque es lo que suele hacer mi gata todas las noches. Cuando estoy acurrucada en la cama con la felicidad por los sueños, pasa por encima del teclado, la pantalla se altera y una luz blanca ilumina toda la habitación como en el momento cinematográfico en el que se abren las compuertas de una nave espacial extraterrestre.

Baja de ahí! Chillaba yo a mi gata, que al final me acabaría rompiendo las teclas. Pero éstas seguían sonando. Encendí la luz de la mesita, un poco abrumada, y entonces ya no sonaba el teclado ni había nadie encima del escritorio. La puerta seguía entornada y la ventana sellada. Comprobé que en el techo no había nada colgado que me pudiera dar más tarde un susto de muerte y volví a apagar la luz.

Ya estaba todo en orden para el próximo 29 de Febrero.