¿Desde cuando el hobby de las princesas ha sido limpiar?

Barcelona, DIARIO
Fotografía de Gabriele Galimberti

Fotografía de Gabriele Galimberti – Toy Stories

Lo de tener cada semana un trabajo temporal distinto (o varios) es un rollo. Pero al menos me sirve para ponerme en la piel de distintos trabajadores sin que ésta se me quede pegada. Pero sobretodo, para ver cosas.

Trabajar en una tienda de juguetes puede llegar a ser realmente irritante. Esto se traduce a: avalancha de carros descontrolados por seres cargados de bolsas y niños extremadamente excitados que tocan cajas que caen, llevan pañales que pesan y juntos aclaman a voces nombres de personajes totalmente desconocidos para mí.

Viéndolo así, quizás no debería criticar tanto a esos padres, que van a comprar los regalos de sus hijos como quien por obligación tiene que ir un domingo de resaca a comer a casa de su suegra. Comprar un juguete no debería ser una obligación, pero ya que la mayoría de gente se lo plantea de ese modo, qué mínimo que gastar unos minutos de vida para observar, seleccionar y elegir el juguete de tu hijo/a.

Vuestras curiosas hijas, por mucha influencia rosa que tengan de sus amigas, siguen siendo cajas vacías con espacio disponible para infinidad de variedades mucho más allá de peinar y limpiar. Y los niños, no tienen porque ser sacados radicalmente de un mundo de animalitos color pastel a juguetes que disparan cosas. Cuando todavía son bebés, todo es para todos. Un niño de 12 meses no le hará ascos a una casita de muñecas y una niña de la misma edad también se divertirá con un coche. Un claro ejemplo de esto es Peppa Pig. Una cerdita (niña) y de color rosa que encanta a niños y niñas de preescolar. Eh, ¡espera! ¿Que el padre también es rosa y no afeminado? Resulta que si eres niño y tienes más de tres años, tus padres estarán tremendamente preocupados de que en tu carta de reyes hayas pedido “un carrito de compra de la Peppa Pig”, aunque te encante la cerdita y te encante ir al mercado con tu madre.

– “¿Cómo le voy a comprar a mi hijo un carrito de color rosa? Es que vaya cosas pide…¿No tienes uno rojo, aunque no sea de la Peppa?”

Y si eres una niña de más de tres años, no mires mucho los pasillos de construcción, no vaya a ser que tu padre te diga:

– Esas cosas no son para ti. Anda, elige ya una muñeca y vámonos de aquí.

– ¡Pero es que no me gustan las muñecas! – responde su hija.

 Obviamente la niña salió de la tienda con una muñeca bajo el brazo.

También puedo ponerme conspiranoica y echar la culpa de todo a las empresas jugueteras y sus bolsillos en bucle. Todos sabemos que Disney y McDonal’s pasean felizmente de la mano por las zonas más pobres de China y que Hasbro siempre ha preferido a los G.I. Joe de verdad. Incluso podría contar mi experiencia personal con la marca World Brands, con quién estuve a punto de trabajar para una promoción en la cuál finalmente (y antes de empezar) fui sustituida por un chico, ya que yo no era la persona adecuada para promocionar un dron teledirigido. Pero hoy no estoy para esto. Porque esos padres también lo saben. Pero se rinden al idiotismo con frases como: “lo que ven en la tele”, “lo que se compran sus amigas”, “lo que hace el personaje de tal película”, etc. ¡Vaya! tiene que ser realmente duro educar a un hijo cuando una diabólica tele elije su programación. Y quién me diga que todas las películas infantiles tratan sobre princesas, le voy preparando la soga (o una buena lista).

He visto personas comprar estuches de maquillaje para niñas de 1 año, por el simple hecho de que se trataba de “algo de 10 euros” (si me meto con los precios del plástico barato, no acabamos). Y entre tanto, aparece la típica madre ‘entaconada’ y embalsamada en carmín, que sostiene la mano de su aburrida hija mientras miran una caja de Nenuco.

– Mira cariño. ¿No quieres esto para Reyes?

– No

– ¡Pero si es súper chuli! ¡La peluquería de Nenuco! ¿No te gustaría hacerle un peinado?

– Sí…(ese “sí” de niña que encoje los brazos porque no sabe qué decir).

– Pues pedimos esto para Reyes, ¿vale?

– ¡Vale!

Señora, solo espero que su hija, cuando crezca, sepa hacer algo más que mirarse en espejos de juguete, como usted va haciendo por la tienda, y supongo lleva haciendo, desde hace bastantes años.

O el padre de turno, al que le quitaría la custodia de una hija, y no por falta de recursos económicos:

– Mira, le vamos a comprar esto (juego de cocina), la plancha y el cubo de limpieza. Para que vaya aprendiendo lo que tendrá que hacer de mayor. – le dice a su mujer.

Y a su mujer, que arrastra por los pasillos tres niñas de entre 1 y 4 años, le parece una idea estupenda. Aunque estoy segura de que algo de esto acabará utilizando de mayor, ya que en éste último año he podido observar nuevas marcas en el “pasillo rosa”. Hablamos de Braun o Bosch. Sí, réplicas exactas de sus secadores, planchas y lavadoras, sólo que más pequeños y sin funciones reales (eso sí, prácticamente al mismo precio).

Y luego están todos esos productos de limpieza con pegatinas de las princesas Disney. ¿Desde cuando el hobby de las princesas ha sido limpiar? Y no, lo que a vuestras hijas les gusta es la pegatina rosa de Bella, Rapunzel o Elsa. Y la misma ilusión les hará un telescopio, una guitarra o una maqueta con dicha pegatina. Tampoco pueden nacer entendiendo el marketing.

Todo esto ya me irritaba cuando todavía era una niña. Y aún, a día de hoy, se da por obvio. ¿Es una niña? Cómprale una muñeca, un bebé o algo para limpiar o cocinar. ¿Niño? Construcción, guerra o teledirigidos. Fácil. SIN MAREOS. Desde mi punto de vista, un padre o madre al que le parece una tontería “marearse” por ver qué juguete comprar, quizás, se hubiera evitado muchos mareos abortando a tiempo.

¿Y cómo es Sudáfrica?

South Africa

Creo que la razón de este post es la consecuencia al esfuerzo que me he auto-infligido para dar respuesta a algunas de las preguntas que ya mucho antes de volver, no han parado de venir hacia mi. Así que espero, una vez más, que mis formas no ofendan al sujeto imaginario a quien le recrimino, una vez más, cosas de todos.

¿Y cómo es Sudáfrica?

Supongo que por el tamaño del país, en este caso sería lo mismo que preguntarme: ¿Y como es España, Francia y Bélgica? ¡Pues un montón de cosas diferentes en común y en discordancia! ¿Pero enserio no hay preguntas más concretas en el imaginario de dudas? ¿O es la reacción propia de un desinterés disimulado? En cualquier caso, Sudáfrica es GRANDE, es más verde de lo que pensáis y acostumbra a oler a madera quemada. 

¿Y Johannesburgo está bien?

Sí. Está bien grande y crecido. Se alimenta bien y su familia también está muy bien.

Dejando de lado las tonterías, como en todo, hay cosas que me gustan y cosas que no. 

Me gusta el sol omnipresente, los pájaros que chillan, los atardeceres sin nubes y los amaneceres rosados. Me gusta comer con las manos, viajar en un transporte codo con codo con otras 15 personas, las vistas panorámicas desde cualquier punto de la ciudad, la música desconocida y las casas con piscina y chimenea.

No me gustan las carreteras interminables con poco espacio de arcén para deambular, el escaso transporte nocturno y el excesivo tráfico diario. No me gusta la desconfianza ambulante, el miedo al peligro y lo que aquí consideran embutido. 

 ¿Allí es todo súper barato, no?

Sí. La mayoría de cosas son más baratas que en España. Pero la verdad es que no siento ninguna pena por los gin-tonic de 8 euros que os saquean cada fin de semana en la ciudad. Porque viniendo de una persona que no está cobrando ni un duro por estar aquí, nada es sorprendentemente barato. 

 ¿Y cómo es la vida allí?

Pues podría decir que es una vida con lista de espera (eso que dicen de los países sureños podría ser cierto). Levantarse con el frío matinal quisiera que fuere normal para mi pero sigue siendo una causa perdida. Por lo contrario, irme a dormir antes de las 12 de la noche se ha convertido en una sorprendente realidad. Cenar a las 8 tampoco me inflige ningún problema y tener que recorrer media hora en coche para llegar a cualquier parte, en parte, tampoco; desde que he pasado cuatro años a dos horas de distancia de mi querida universidad (temedme cuando algún día hable sobre la universidad).

¿La gente es maja?

Todavía no he estado en un lugar donde no haya ‘gente maja’. Pero si la pregunta es si son igual de majos que los amigos que acostumbramos a elegir, por supuesto, podría ser equivalente. Pero como no me gusta generalizar, no diré que la gente es amable, sonriente y agradecida.

¿Vivir allí es peligroso?

Vivir nunca es peligroso desde mi punto de vista. Simplemente es vivir. Que haya sitios más propensos a la peligrosidad es otra cosa y que sufras ese peligro otra más diferente todavía. Se me hace bastante difícil abordar este tema. En el tiempo que llevo aquí solo he conocido robos de móviles, cosa que no difiere mucho de la ‘peligrosidad’ de Barcelona. Ahora sí, depende de ‘qué tipo de persona seas’ y en ‘qué ambientes te muevas’ serás más propenso a llamar la atención. En el momento en que pases varias veces por la misma calle en la que están las mismas personas sin hacer nada en concreto y percibas que no sólo te miran, sino que te hablan o incluso te persiguen unos metros, puedes sentir peligro, o al menos pensar en peligro. Esto me ha pasado. Lo otro ya, de momento no.

¿Sigue habiendo racismo?

Los que me conozcan sabrán, que si tengo la opción, prefiero vomitar indignación a desatar violencia arbitraria aunque esto último sea más merecedor para algunos que mi especial dedicación a ellos a través de las palabras. Supongo que también vuelvo a hacer de las mías mezclando temas, personas y momentos. Supongo que vuelvo a suponer. Pero si lo hago es porque me sirve igual que le sirve a un científico matar cien ratas en un día. Quizás razones y objetivos no coinciden en ninguna de las muertes pero el medio es el mismo.

El racismo por miedo y el miedo por racismo son dos cosas muy diferentes y todos estamos bastante informados de ‘quién sufría de qué’ hace un par de décadas. Hoy en día, aparentemente limpios de esta lacra, todavía flota en la superficie el clasismo más sucio bañado en la desconfianza más insensata. 

Unos sueñan con viajar a Mozambique y otros con viajar a Dubai. 

Unos me chocan la mano al enterarse de que me muevo por la ciudad en taxi público (próximamente hablaré de esto) y otros me preguntan si alguien me ha molestado y me advierten con llevar el dinero justo o esconder el móvil. Incluso me han llegado a advertir de que podría contraer tuberculosis viajando con ‘ellos’. Para mí esto es igual de racista que qué alguien me diga que en su país no se pasan todo el día tumbados bebiendo y echando la siesta como en España. Y si hay alguna razón para sentirme ofendida no es porque yo ni si quiera eche la siesta sino porque preferiría escuchar ronquidos a ese tipo de hipocresías. 

Del mismo modo, un blanquito será lo más robable del día para otros racistas. En cuanto el color de piel es el leitmotif para juzgar el nivel de inteligencia y de poder adquisitivo de una persona, sólo tengo una cosa que decir: Esa gente es gilipollas

Visto así aquí hay un montón de gilipollas pero no más de los que podríamos encontrar en cualquier otra parte del mundo. Esto no es cuestión de cultura sino de mentes. Porque me podréis decir que ‘es más probable si tal o menos si pascual’ pero las generalizaciones me las paso por lo más sucio y profundo de mi ser. Y punto. 

Bueno, ¿y cuando vuelves?

El 25 de Octubre de 2014 mi visado llega a su fin y un vuelo saldrá de Johannesburgo conmigo como pasajera. Si todo va como está planeado, a día 26 ya estaré de vuelta al frío peninsular. 

 

Sandton from Randburg, Johannesburg

Maboneng, Johannesburg

Forbes Rd, Home, Johannesburg

Soweto, Johannesburg

Polokwane, Limpopo, Sudáfrica

Township en Mpumalanga, Sudáfrica

Randburg Mall, Johannesburg

 

Feliz año de intensidades

Barcelona

Que conste que me he despertado antes de las tres de la tarde porque he notado la presencia de rayos láser apuntándome desquiciadamente desde la otra punta del año. Si, algo así, de verdad. Yo lo llamo rayos láser y otro lo llamará necesidad del último momento de reflexión, pero es igual de jodido que cuando alguien te apunta con uno de esos cacharros.

La cuestión es que todo lo que ahora pudiera decir sonaría igual de vacío que lo de “Esta noche todo se vale”. Podemos cambiar lo que hemos sido todo el año por una fe ciega en deseos blandos, anillos nadando en copas de cava y bragas rojas que arden. Y hacemos este tipo de cosas extrañas porque al final eso es lo que somos, montañas de experiencias y deseos mezclados maléficamente, como quien hace una tarta de chocolate y ketchup.

Si por algo quiero que acabe el 2013 es porque no soy capaz de aceptar que he sentido la misma intensidad en estos últimos 365 días que en los cuatro años anteriores. Y porque miro hacia el 2014 y me entran tics en los brazos, camino a lo moonwalk y emito sonidos extraños que me recuerdan a un armadillo.

¡Sí, esto significa que estoy eufórica gracias a todos vosotros!

¡¡BOMBAS DE FELICIDAD PARA TODOS!!

IMG_1199 copia

Confesiones

Barcelona

Una vez mi madre me regaló una libreta. Era demasiado bonita y había sido elaborada con una elegancia de la que yo carecía. ¿Pero cómo podía maltratarla con mis tachones y continuos golpes? No, debía estar a salvo. Nadie podía leerla. Porque lo que me prometí aquél día era que sólo la usaría en momentos de delirio, de necesidad máxima, de explosión de emociones incontroladas.

No se trataba de un diario, sino de un lugar donde poder vomitar salvajemente e inmediatamente sentirme y sentarme tranquilamente a su lado, sin preocuparme por los desperdicios o el olor residual. Pero eso me producía temor. “No leeré nada hasta que llegue al final”.- me dije. Y yo a veces me sentía partícipe de un asesinato con un muerto oculto en mi habitación.

Pero todavía puedo ser más exagerada.

Finalmente, un día como hoy, me doy cuenta de que ya ha pasado un año y de que en esa libreta sólo he tenido la valentía de escribir ocho tristes páginas. Pero ocho páginas de las cuales no sabía nada.

Las auto-promesas aleatorias siempre pueden cambiar de rumbo.

Por un momento he deseado una herramienta de conversión entre el temor y la tentación. ¿Cuantos temores forman una tentación? ¿Cuantas tentaciones equivalen a un temor? ¿En una regla de tres, cuantos temores hacen falta para evitar una tentación? ¿En qué momento del día se cruzará el tren de la tentación con el tren del temor?

Por eso no me gustan las matemáticas.

Y me dispuse a leer…

Frases cortas para mentes atascadas

Barcelona

Una semana. Siete días. O seis. Y no voy a motivar lo decepcionante que es pensar en horas o minutos. Los segundos. Los odio. Sólo son de utilidad cuando se suman entre ellos y esto a la vez me hace entender que nunca se cierra el grifo. ¿Cuantas gotas de agua caben en un segundo? No quiero ni pensarlo. ¿Cuantas gotas de agua ven la luz durante sólo un segundo? Salen del grifo y caen al pozo. Para siempre, quizás. Y ya está. Quizás nunca más volverán a tener la oportunidad de rozar una mano sucia o mezclarse con pasta dentífrica de tres colores.

Una semana con el grifo abierto. Y siguen cayendo gotas al pozo.

La otra cara de la moneda. La tranquilidad gana al estrés. Y a las responsabilidades.

Mi cama. Me mima. Y más que nada. Sopa caliente y fresas con yogur griego.

Mirar al cielo durante largo tiempo. Escalofríos. Y las malditas miodesopsias.

El arte o la maldición de perderse en el tiempo

Dublin

IMG_0473

Hace media hora me he obligado a no volver a cerrar los ojos. Mis mañanas siempre empiezan con la misma consecución de imperativos (las mías y las de la mayoría de los mortales):

6:30 – Demasiado pronto, duérmete…tranquila, tienes tiempo.
9:00 – Ya podrías levantarte…bueno, total…¿para qué? Luego tendrás sueño a la noche. Duerme un poco más.
9:30 – ¿Porqué ahora tienes más sueño que antes? Mierda, se que odias levantarte con sueño, no lo harás ahora pero te doy media hora como mucho, puta perezosa.
11:30 – ¡Te advertí! ¡Ahora jódete! No te hagas ilusiones porque la mañana pasará como un suspiro y no vas a hacer nada de provecho.

A veces este hecho me presiona durante todo el día y las horas me atacan y me asfixian bajo una almohada dónde algún día quizás pierda el sentido. Realmente me siento como un trozo de mierda a la que un pneumático ha decidido convertir en otra capa innecesaria sobre el asfalto, adherida y esparcida sobre la nada.

Pero hoy es diferente. El vacío decidió viajar sin billete de vuelta. Tengo la sensación de que no soy consciente del tiempo que pierdo aquí porque hasta que no llegue allí no dejaré de sentir este hondo agujero que me ha dejado el irme. Porque ya me he ido. Me fui hace un par de días o tres, sino creo recordar mal. La nostalgia, siempre tan elegante y gris, tiene esa capacidad camaleónica de aparecer sin ser llamada y estar presente sin ser asimilada.

Me siento en un sofá del comedor y me veo reflejada en todas las caras que estuvieron y ya se fueron. Entre ellas estoy yo, a lo lejos, en un sofá vacío. Los que todavía estan ya se convirtieron en recuerdos y lo sé porque sus cuerpos se van destiñiendo y volviendo traslúcidos a través de mis ojos. Siento lo que sentiré cuando este allí y espero allí sentir que todavía estoy aquí.

A la orilla del Liffey

Dublin

Si son de esas personas coincidirán conmigo en que el hipnotismo del mar es adictivo. Aunque no me enorgullezca de lo que digo, los vicios son esos pequeños detalles que me gusta cuidar. Creo que algo en lo que invierto un tiempo constante merece la pena ser mejorado pero poco después, y a regañadientes, acepto que todos los vicios siguen una rutina y que la rutina es el peor de ellos.

Me siento lo suficientemente cerca del agua como para sentir que alguien me abraza, cierro los ojos y dejo que las olas rompan libremente contra mis tímpanos. Me pregunto varias veces porqué será tan placentero un sonido tan monótono y me corroboro a mí misma que el paraíso huele a sal. Creo que no temo a la muerte desde que alguien escribió que morir era como perdese en la orilla. Pero desde entonces esa idea también me produce melancolía. A veces, cuando sólo estamos el agua y yo, siento que mi cuerpo se ha quedado fijo ante las olas y que quizás mi mente nunca recuerde irlo a buscar. Otra de esas sensaciones dulces y frías que muchos llaman soledad pero que una persona solitaria siempre considerará la mejor compañía: la tranquilidad.

A falta de drogas siempre hay una orilla. A falta de orilla siempre ha estado el Liffey.

El cielo sangra, dos corazones se queman y la luna observa desde la lejanía.

IMG_0054

IMG_0048

IMG_0050

El quinto día (o eso creo recordar)

Dublin

Después de secarse las lágrimas con su camiseta se dispuso a salir de la habitación. Metió el netbook que tanto odiaba cuando no estaba de vacaciones en la mochila cómoda, junto con su libreta, bolígrafo, tabaco y botella de agua. Después de sonreir falsamente a las interrupciones que se cruzaron en su camino bajó y encontró un sitio tranquilo en la terraza. Eligió la terraza como lugar porque el aire siempre le iba mejor que peor y fumar también, para que nos vamos a engañar. Lo más curioso de la situación es que justo en el momento de colgar la llamada un revoltijo en su estómago le azotó con una verdad eludida hasta el momento. Esa clase de verdad inesperada que se camufla en forma de arcada y que después volvemos a camuflar inconscientemente en forma de enfermedad. Sentía los sentimientos de la gente que pasaba por su lado como propios y los explicaba en primera persona sin ningún tipo de tapujo. En cambio, nunca había sido capaz de explicar de esa forma sus propios sentimientos. Lo peor de todo es que lo estaba haciendo de nuevo.

Dublin (aunque con un poco de retraso)

Dublin

Dublin

Que haya creado un apartado llamado Blog dentro de mi blog no es por aburrimiento o desconocimiento sino que más bien viene motivado por una necesidad de segmentación, que me quiero aplicar a mi misma, para diferenciar la realidad, de la realidad aplicada y la ficción o los sueños.

Llegados a este punto, no hace mucho que aterricé en la realidad, pisando con mis propios pies una tierra húmeda, verde e impredecible. Una tierra rodeada de agua y usualmente atacada por la misma se presenta ante el mundo como la tierra de las oportunidades para unos y la tierra sin salida para otros. El alcohol suele ser el hilo conductor de ambos grupos, y el dinero su motivación.

Todavía estoy en ese punto inicial observador, de voayer, de lluvia de ideas (y nunca mejor dicho). Así que si tuviera que deciros algo sobre Dublín lo encontraríais en éste párrafo: calles que cantan y bailan; vasos de cartón que sacuden monedas; colores verde y ocre; poesía a gritos; chanclas y chubasquero; puentes; sol y parque; vida y bebida; el sonido de abducción de los semáforos; pelirrojos; bigotes masculinos y femeninos; comprar pegatinas para poder tirar la basura; contrabando de tabaco; ciervos y setas; perdón para todo; carnaca; multilingüe; rencor; luas; abuelos que molan; días largos y noches que no son tan noches; historia que quiere ser contada y que algún día espero poder contar a mi manera.

Hasta la vista

Barcelona

166495_1805859913068_6659184_n¿Porqué Sant Boi tiene hoy ese color tan bonito? Fue lo primero que pensé durante el trayecto en coche a casa. El cielo era de un azul desaturado, melancólico y respetuoso, como los que aparecen en las películas de Super 8. Las nubes bajas eran lo suficientemente altas como para no tapar la ermita, que al igual que la iglesia, estaban perfectamente definidas por las tenues sombras del mediodía. ¿Notarán los pueblos cuando una persona les abandona para siempre? Yo puedo corroborar que aquél día cálido de Febrero las fachadas bajaron un tono de color, la gente se quedó en su casa sin saber porqué y los gatos callejeros prefirieron no despertar todavía. Dicen que cuando viene una persona, otra se va. ¿Pero qué relación habrá entre estas dos personas? ¿Es una relación carnal, temporal, hipotética, necesaria? Sólo se que no creo en el tiempo al que tanto estamos acostumbrados. Porque éste puede cambiar al igual que la temperatura de color lo hace en un día tan especial. Quizás, durante los últimos suspiros ahogados, ella tuvo tiempo de visitarte y mecer tu cuna. No me estoy refiriendo a un fantasma que no puede escapar hasta que haya cumplido su cometido. Me refiero a esa cosa que tiene tanta fuerza dentro de nosotros. Una fuerza que no deja de ser cuántica, ubicua, metafísica…una fuerza que lleva toda una vida formándose, pero que no puede seguir conviviendo con un mismo cuerpo. Yaya, te quedaste sin fuerza para mantener tu cuerpo, pero ahora sin él, tu fuerza se ha expandido como pompas de jabón. Porque las pompas cambian de color a su antojo, explotan pero no desaparecen del todo, y sobretodo, sacan una sonrisa a cualquiera que las vea volar.