“Érase una vez el Ébola” artículo para WWW.THEOBJECTIVE.COM del 3/01/2015

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(Baz Ratner/Reuters)

(Baz Ratner/Reuters)

Érase una vez la niña de la foto. Probablemente padezca de vómitos y diarrea y suponemos que la botella que lleva en la mano ha sido proveída por el personal sanitario y no rellenada con agua del suministro público. Quizás los síntomas han empezado hace días. Pero entre los que tarda la ambulancia en llegar y los que se permanece en retención, ha sido afortunada de ser una niña y no morir antes de entrar. Con suerte, después de varios días ingresada, los médicos concluirán que no tiene Ébola, que simplemente es Malaria, Cólera o incluso menos. Así que podrá irse a su casa tranquilamente, que urgencias es para lo grave. Y si durante su estancia ha sido contagiada por el virus, ya volverá. Su madre, probablemente culpe al gobierno.

Los EEUU, salvaguardas del mundo, envían 4.000 soldados y 1.000 camas, desembolsando por la causa 750 millones de dólares. Supongo que las camas son extremadamente caras, que los soldados duermen en esterillas y que su formación en el ejército está siendo de enorme utilidad para tranquilizar a los miles de contagiados.

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¿Desde cuando el hobby de las princesas ha sido limpiar?

Barcelona, DIARIO
Fotografía de Gabriele Galimberti

Fotografía de Gabriele Galimberti – Toy Stories

Lo de tener cada semana un trabajo temporal distinto (o varios) es un rollo. Pero al menos me sirve para ponerme en la piel de distintos trabajadores sin que ésta se me quede pegada. Pero sobretodo, para ver cosas.

Trabajar en una tienda de juguetes puede llegar a ser realmente irritante. Esto se traduce a: avalancha de carros descontrolados por seres cargados de bolsas y niños extremadamente excitados que tocan cajas que caen, llevan pañales que pesan y juntos aclaman a voces nombres de personajes totalmente desconocidos para mí.

Viéndolo así, quizás no debería criticar tanto a esos padres, que van a comprar los regalos de sus hijos como quien por obligación tiene que ir un domingo de resaca a comer a casa de su suegra. Comprar un juguete no debería ser una obligación, pero ya que la mayoría de gente se lo plantea de ese modo, qué mínimo que gastar unos minutos de vida para observar, seleccionar y elegir el juguete de tu hijo/a.

Vuestras curiosas hijas, por mucha influencia rosa que tengan de sus amigas, siguen siendo cajas vacías con espacio disponible para infinidad de variedades mucho más allá de peinar y limpiar. Y los niños, no tienen porque ser sacados radicalmente de un mundo de animalitos color pastel a juguetes que disparan cosas. Cuando todavía son bebés, todo es para todos. Un niño de 12 meses no le hará ascos a una casita de muñecas y una niña de la misma edad también se divertirá con un coche. Un claro ejemplo de esto es Peppa Pig. Una cerdita (niña) y de color rosa que encanta a niños y niñas de preescolar. Eh, ¡espera! ¿Que el padre también es rosa y no afeminado? Resulta que si eres niño y tienes más de tres años, tus padres estarán tremendamente preocupados de que en tu carta de reyes hayas pedido “un carrito de compra de la Peppa Pig”, aunque te encante la cerdita y te encante ir al mercado con tu madre.

– “¿Cómo le voy a comprar a mi hijo un carrito de color rosa? Es que vaya cosas pide…¿No tienes uno rojo, aunque no sea de la Peppa?”

Y si eres una niña de más de tres años, no mires mucho los pasillos de construcción, no vaya a ser que tu padre te diga:

– Esas cosas no son para ti. Anda, elige ya una muñeca y vámonos de aquí.

– ¡Pero es que no me gustan las muñecas! – responde su hija.

 Obviamente la niña salió de la tienda con una muñeca bajo el brazo.

También puedo ponerme conspiranoica y echar la culpa de todo a las empresas jugueteras y sus bolsillos en bucle. Todos sabemos que Disney y McDonal’s pasean felizmente de la mano por las zonas más pobres de China y que Hasbro siempre ha preferido a los G.I. Joe de verdad. Incluso podría contar mi experiencia personal con la marca World Brands, con quién estuve a punto de trabajar para una promoción en la cuál finalmente (y antes de empezar) fui sustituida por un chico, ya que yo no era la persona adecuada para promocionar un dron teledirigido. Pero hoy no estoy para esto. Porque esos padres también lo saben. Pero se rinden al idiotismo con frases como: “lo que ven en la tele”, “lo que se compran sus amigas”, “lo que hace el personaje de tal película”, etc. ¡Vaya! tiene que ser realmente duro educar a un hijo cuando una diabólica tele elije su programación. Y quién me diga que todas las películas infantiles tratan sobre princesas, le voy preparando la soga (o una buena lista).

He visto personas comprar estuches de maquillaje para niñas de 1 año, por el simple hecho de que se trataba de “algo de 10 euros” (si me meto con los precios del plástico barato, no acabamos). Y entre tanto, aparece la típica madre ‘entaconada’ y embalsamada en carmín, que sostiene la mano de su aburrida hija mientras miran una caja de Nenuco.

– Mira cariño. ¿No quieres esto para Reyes?

– No

– ¡Pero si es súper chuli! ¡La peluquería de Nenuco! ¿No te gustaría hacerle un peinado?

– Sí…(ese “sí” de niña que encoje los brazos porque no sabe qué decir).

– Pues pedimos esto para Reyes, ¿vale?

– ¡Vale!

Señora, solo espero que su hija, cuando crezca, sepa hacer algo más que mirarse en espejos de juguete, como usted va haciendo por la tienda, y supongo lleva haciendo, desde hace bastantes años.

O el padre de turno, al que le quitaría la custodia de una hija, y no por falta de recursos económicos:

– Mira, le vamos a comprar esto (juego de cocina), la plancha y el cubo de limpieza. Para que vaya aprendiendo lo que tendrá que hacer de mayor. – le dice a su mujer.

Y a su mujer, que arrastra por los pasillos tres niñas de entre 1 y 4 años, le parece una idea estupenda. Aunque estoy segura de que algo de esto acabará utilizando de mayor, ya que en éste último año he podido observar nuevas marcas en el “pasillo rosa”. Hablamos de Braun o Bosch. Sí, réplicas exactas de sus secadores, planchas y lavadoras, sólo que más pequeños y sin funciones reales (eso sí, prácticamente al mismo precio).

Y luego están todos esos productos de limpieza con pegatinas de las princesas Disney. ¿Desde cuando el hobby de las princesas ha sido limpiar? Y no, lo que a vuestras hijas les gusta es la pegatina rosa de Bella, Rapunzel o Elsa. Y la misma ilusión les hará un telescopio, una guitarra o una maqueta con dicha pegatina. Tampoco pueden nacer entendiendo el marketing.

Todo esto ya me irritaba cuando todavía era una niña. Y aún, a día de hoy, se da por obvio. ¿Es una niña? Cómprale una muñeca, un bebé o algo para limpiar o cocinar. ¿Niño? Construcción, guerra o teledirigidos. Fácil. SIN MAREOS. Desde mi punto de vista, un padre o madre al que le parece una tontería “marearse” por ver qué juguete comprar, quizás, se hubiera evitado muchos mareos abortando a tiempo.

“LA MUJER COMO MEDIO” ARTÍCULO PARA WWW.THEOBJECTIVE.COM DEL 15/11/2014

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Stringer/Reuters

Stringer/Reuters

Y siempre en medio. Entre la denuncia pública y la cultura sectaria que las representa. Atrapadas en el desdichado cuerpo femenino que nunca se beneficia de un gobierno masculino (por no decir machista). Pero es que a ellas les representa la incultura, el analfabetismo y la opresión. Y no la otra cosa. Porque ya se ha visto antes en otros lugares y se seguirá viendo mientras el defensor del pueblo sea quién promueva estos actos ‘culturales’.

La excusa amansa tanto a moralistas internacionales como a las que pudieran ser las madres de las (últimas) 12 fallecidas. O al menos, antes de que fallecieran. Sobretodo en ‘aquellos países’, tan lejanos a nuestra ética cultura contemporánea. Porque se sigue escuchando. Frases como “esto es normal en su país” o “están acostumbradas”.

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“¿Animal o alimento?” Artículo para www.theobjective.com del 20/09/2014

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(Bob Edme/AP)

(Bob Edme/AP)

Hace unos días estuve entrevistando a Roger Ballen, fotógrafo establecido en Sudáfrica, que durante los últimos cincuenta años ha criticado la condición humana desde un punto de vista psicológico. Ya no son solamente sus fotografías, sino que él mismo ha sido considerado un perturbador de los pájaros. Ha sido acusado de mostrar cómo ciertas personas cortaban la cabeza de unos pollos para después comérselos. Ha sido acusado de explotar a esas personas al fotografiarlas y aprovecharse de su insana, y quizás medio inconsciente, hospitalidad. Se le considera un fotógrafo de la anormalidad y no de la realidad.

Porque está mal visto. Para la sociedad está mal visto matar a un animal con un hacha. Es algo salvaje y sangriento. Es mucho más natural para nosotros que sean descuartizados por una máquina y después envueltos en plásticos y otras sustancias químicas. Entonces hablamos de una pechuga de pollo, de un suave color rosa palo. Y no de un ave. Porque no nos gusta admitir que los animales también gritan, se desangran y mueren sin merecerlo.

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¿Y cómo es Sudáfrica?

South Africa

Creo que la razón de este post es la consecuencia al esfuerzo que me he auto-infligido para dar respuesta a algunas de las preguntas que ya mucho antes de volver, no han parado de venir hacia mi. Así que espero, una vez más, que mis formas no ofendan al sujeto imaginario a quien le recrimino, una vez más, cosas de todos.

¿Y cómo es Sudáfrica?

Supongo que por el tamaño del país, en este caso sería lo mismo que preguntarme: ¿Y como es España, Francia y Bélgica? ¡Pues un montón de cosas diferentes en común y en discordancia! ¿Pero enserio no hay preguntas más concretas en el imaginario de dudas? ¿O es la reacción propia de un desinterés disimulado? En cualquier caso, Sudáfrica es GRANDE, es más verde de lo que pensáis y acostumbra a oler a madera quemada. 

¿Y Johannesburgo está bien?

Sí. Está bien grande y crecido. Se alimenta bien y su familia también está muy bien.

Dejando de lado las tonterías, como en todo, hay cosas que me gustan y cosas que no. 

Me gusta el sol omnipresente, los pájaros que chillan, los atardeceres sin nubes y los amaneceres rosados. Me gusta comer con las manos, viajar en un transporte codo con codo con otras 15 personas, las vistas panorámicas desde cualquier punto de la ciudad, la música desconocida y las casas con piscina y chimenea.

No me gustan las carreteras interminables con poco espacio de arcén para deambular, el escaso transporte nocturno y el excesivo tráfico diario. No me gusta la desconfianza ambulante, el miedo al peligro y lo que aquí consideran embutido. 

 ¿Allí es todo súper barato, no?

Sí. La mayoría de cosas son más baratas que en España. Pero la verdad es que no siento ninguna pena por los gin-tonic de 8 euros que os saquean cada fin de semana en la ciudad. Porque viniendo de una persona que no está cobrando ni un duro por estar aquí, nada es sorprendentemente barato. 

 ¿Y cómo es la vida allí?

Pues podría decir que es una vida con lista de espera (eso que dicen de los países sureños podría ser cierto). Levantarse con el frío matinal quisiera que fuere normal para mi pero sigue siendo una causa perdida. Por lo contrario, irme a dormir antes de las 12 de la noche se ha convertido en una sorprendente realidad. Cenar a las 8 tampoco me inflige ningún problema y tener que recorrer media hora en coche para llegar a cualquier parte, en parte, tampoco; desde que he pasado cuatro años a dos horas de distancia de mi querida universidad (temedme cuando algún día hable sobre la universidad).

¿La gente es maja?

Todavía no he estado en un lugar donde no haya ‘gente maja’. Pero si la pregunta es si son igual de majos que los amigos que acostumbramos a elegir, por supuesto, podría ser equivalente. Pero como no me gusta generalizar, no diré que la gente es amable, sonriente y agradecida.

¿Vivir allí es peligroso?

Vivir nunca es peligroso desde mi punto de vista. Simplemente es vivir. Que haya sitios más propensos a la peligrosidad es otra cosa y que sufras ese peligro otra más diferente todavía. Se me hace bastante difícil abordar este tema. En el tiempo que llevo aquí solo he conocido robos de móviles, cosa que no difiere mucho de la ‘peligrosidad’ de Barcelona. Ahora sí, depende de ‘qué tipo de persona seas’ y en ‘qué ambientes te muevas’ serás más propenso a llamar la atención. En el momento en que pases varias veces por la misma calle en la que están las mismas personas sin hacer nada en concreto y percibas que no sólo te miran, sino que te hablan o incluso te persiguen unos metros, puedes sentir peligro, o al menos pensar en peligro. Esto me ha pasado. Lo otro ya, de momento no.

¿Sigue habiendo racismo?

Los que me conozcan sabrán, que si tengo la opción, prefiero vomitar indignación a desatar violencia arbitraria aunque esto último sea más merecedor para algunos que mi especial dedicación a ellos a través de las palabras. Supongo que también vuelvo a hacer de las mías mezclando temas, personas y momentos. Supongo que vuelvo a suponer. Pero si lo hago es porque me sirve igual que le sirve a un científico matar cien ratas en un día. Quizás razones y objetivos no coinciden en ninguna de las muertes pero el medio es el mismo.

El racismo por miedo y el miedo por racismo son dos cosas muy diferentes y todos estamos bastante informados de ‘quién sufría de qué’ hace un par de décadas. Hoy en día, aparentemente limpios de esta lacra, todavía flota en la superficie el clasismo más sucio bañado en la desconfianza más insensata. 

Unos sueñan con viajar a Mozambique y otros con viajar a Dubai. 

Unos me chocan la mano al enterarse de que me muevo por la ciudad en taxi público (próximamente hablaré de esto) y otros me preguntan si alguien me ha molestado y me advierten con llevar el dinero justo o esconder el móvil. Incluso me han llegado a advertir de que podría contraer tuberculosis viajando con ‘ellos’. Para mí esto es igual de racista que qué alguien me diga que en su país no se pasan todo el día tumbados bebiendo y echando la siesta como en España. Y si hay alguna razón para sentirme ofendida no es porque yo ni si quiera eche la siesta sino porque preferiría escuchar ronquidos a ese tipo de hipocresías. 

Del mismo modo, un blanquito será lo más robable del día para otros racistas. En cuanto el color de piel es el leitmotif para juzgar el nivel de inteligencia y de poder adquisitivo de una persona, sólo tengo una cosa que decir: Esa gente es gilipollas

Visto así aquí hay un montón de gilipollas pero no más de los que podríamos encontrar en cualquier otra parte del mundo. Esto no es cuestión de cultura sino de mentes. Porque me podréis decir que ‘es más probable si tal o menos si pascual’ pero las generalizaciones me las paso por lo más sucio y profundo de mi ser. Y punto. 

Bueno, ¿y cuando vuelves?

El 25 de Octubre de 2014 mi visado llega a su fin y un vuelo saldrá de Johannesburgo conmigo como pasajera. Si todo va como está planeado, a día 26 ya estaré de vuelta al frío peninsular. 

 

Sandton from Randburg, Johannesburg

Maboneng, Johannesburg

Forbes Rd, Home, Johannesburg

Soweto, Johannesburg

Polokwane, Limpopo, Sudáfrica

Township en Mpumalanga, Sudáfrica

Randburg Mall, Johannesburg

 

Conocer

PERSONAS

Conocer a personas es una de las tareas que más costosamente desarrollo a lo largo de mis jornadas.

El contacto visual es lo primero y lo último en la mayoría de los casos. Hay miradas redondas, con túneles oscuros que se entrecruzan tras los ojos, y que, la mayoría de las veces, contienen puertas protectoras. Las he visto de madera vieja y usada, llenas de astillas y con un agujero como cerrojo; barnizadas ribeteadas en oro; herméticas y frívolas entradas a búnkeres que esconden coloridas novedades; simples verjas preventivas de materiales oxidados y hasta persianas que molestan a los oídos de la presente externa oyente, (cuando se abren de repente), sin ser avisada o ni tan solo interesada.

Las miradas planas tienen un efecto de rebote sobre mi persona. Están formadas por una capa tan gruesa y homogénea que no incitan a la búsqueda de lo que no se puede encontrar. Son miradas sin forma, que tanto pueden ser temporales como vitalicias. Este es un punto que me lleva usualmente a la confusión. Las miradas planas temporales son las más interesantes porque en cualquier momento puedes ser partícipe de la metamorfosis tan esperada. A veces, transcurren horas hasta que los pétalos se abren del todo. En otras, el portador siente algo más parecido a un ataque visionario de una obviedad omnipresente y el oyente puede captar al detalle como crece una forma concreta en sus pupilas.

Las miradas cuadradas no me parecen realmente interesantes, pero resultan efectivas en circunstancias de lógica o muerte. Son fáciles de reconocer cuando el portador observa algo en concreto. Una especie de transparencia en forma de prismático cubre sus pupilas y le obliga a observarlo todo desde el mismo ángulo.

Es una lástima que la mayoría de las personas que vemos en este mundo sean simples instantáneas que se cruzan en el camino, y que la otra mayoría ni si quiera lo llegará a ser nunca.

Miradas cuadradas, redondas, planas, al mismo tiempo, se combinan para imaginar tus ojos.

Ojos