El quinto día (o eso creo recordar)

Dublin

Después de secarse las lágrimas con su camiseta se dispuso a salir de la habitación. Metió el netbook que tanto odiaba cuando no estaba de vacaciones en la mochila cómoda, junto con su libreta, bolígrafo, tabaco y botella de agua. Después de sonreir falsamente a las interrupciones que se cruzaron en su camino bajó y encontró un sitio tranquilo en la terraza. Eligió la terraza como lugar porque el aire siempre le iba mejor que peor y fumar también, para que nos vamos a engañar. Lo más curioso de la situación es que justo en el momento de colgar la llamada un revoltijo en su estómago le azotó con una verdad eludida hasta el momento. Esa clase de verdad inesperada que se camufla en forma de arcada y que después volvemos a camuflar inconscientemente en forma de enfermedad. Sentía los sentimientos de la gente que pasaba por su lado como propios y los explicaba en primera persona sin ningún tipo de tapujo. En cambio, nunca había sido capaz de explicar de esa forma sus propios sentimientos. Lo peor de todo es que lo estaba haciendo de nuevo.

Anuncios

Deja un comentario/ Leave a Reply

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s