Fermín

PERSONAS

Ff-fef-fer-ferm-ín! Decía cuando le preguntaban su nombre. A la vez que esparcía partículas de saliva sobre su interlocutor. Fermín decía que era un hombre de tics. Esa era su frase para caer bien. Aunque en realidad siempre le hubiera gustado escuchar aquello de: es un hombre de negocios, o, es un hombre de mundo. Pero debía conformarse con lo propio. Nunca podría disfrutar una emoción por completo por esa razón: sus innumerables tics. La pertenencia de su propio cuerpo le hacía conocedor de lo que llamaban “desorden de tic motor crónico” y esto incluía diversos movimientos bruscos e inesperados de sus extremidades, parpadeo y gesticulación excesivos y algún que otro sonido involuntario que ya comentaremos.

Si sus pupilas fueran los ejes de sus ojos, la izquierda se situaría a -3X del centro, y la derecha a 1X, 1Y. Dicho de otra manera, tenía un estrabismo destacable. Cuando se ponía tenso tenía la manía de forzar sus glóbulos hacia arriba, con la intención (realmente no es su intención) de darles la vuelta hacia atrás. Siempre agradeció que por lo menos no se le diera bien colocar los ojos en blanco, así solía disimular delante de las chichas haciendo que miraba al cielo. Incluso hacía un comentario automático del tiempo en ese instante. Claro que, eso sólo lo engañaba a él.

Muchos pensaban que Fermín había heredado los males del mundo y le trataban como a un discapacitado. En realidad no lo era, ni tampoco era especialmente tonto. Pero siendo realistas, tampoco sabía nada que cualquiera no pudiera saber.

Odiaba tremendamente que le dijeran que algún día encontraría el amor, porque todos sabemos que hay personas que, predestinadas o no, morirán solas. Y Fermín era una de esas personas. Lo tenía muy asumido, igual que el hecho de ser el tonto del pueblo de por vida y de que nunca tendría el suficiente valor como para suicidarse.

Su primer mote fue Feormín, creado el Martes 25 de Septiembre de 1962, en el colegio católico del Casco Antiguo, el mismo día en que Fermín cumplía cinco años y la riera de Rubí provocó aquella catástrofe. No era un mote muy elaborado pero sí de mofa fácil. Al principio disimulaban diciendo: “Feooooooormín!” Y negaban decir feo. Pero a medida que el mote se iba desgastando Fermín se dio cuenta del juego de palabras. Se podría decir que era el marginado de la clase, todavía más abucheado que el gordo, Ricardo, el único y mejor amigo de Fermín desde entonces y hasta hace un par de meses, cuando murió. Pero de eso ya hablaremos más adelante.

La cuestión es que Fermín, vistas las expectativas, decidió hacerse el tonto del pueblo. Su plan se inició el Octubre pasado y el primer paso era frecuentar el “Bar Turbio”, dónde los cuatro borrachos de cada noche, invitaban a Fermín a cervezas para mofarse posteriormente de su borrachera. Pero Fermín por lo menos bebía gratis.

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