Mujer infeliz. O cómo nos aferramos a las creencias cotidianas. 

¿A esto es a lo que se refieren con lo de media naranja? ¿La parte que nos falta? ¿O no es quizás la parte que no nos hace falta? Al juntar las naranjas sólo hemos conseguido una vida desdichada y odiosa. Penosa en realidad, porque estamos tan aferrados al significado de lo que somos que no podríamos tener el valor de desechar lo que sobra. Años y años exprimiendo hasta la última gota de jugo vital. Convirtiéndonos en dos cáscaras vacías que discuten continuamente por situarse en polos opuestos.

Escuchar cada día las mismas ideas que nunca he soportado, los chistes malos y sobretodo, los piropos con buena intención pero de efecto denigrante sobre mi consciencia. Y lo peor, lo peor de todo, es que sólo pienso esto de vez en cuando. Tras desahogarme le llevaré el café al sofá y me sentaré a su lado con una sonrisa no demasiado falsa y entonces apoyaré mi cabeza sobre su pecho, esperando a que mi cáscara se pudra por sí sola.

Una mujer infeliz.

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